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Humanizar la tecnología es nuestro ‘cable a tierra’

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¿Cómo está evolucionando el papel de las máquinas en el entorno laboral?

 

Imagina que retrocedemos el tiempo y nos situamos en el año 2004. Estamos en una sala de cine a punto de ver una película en la que los robots desempeñan roles importantes en la vida diaria de las personas, como, por ejemplo, cuidar a los niños o realizar las tareas de casa. En la historia, todo marcha bien hasta que un robot se rebela y provoca un escenario que en el mundo cinematográfico es conocido como ‘la rebelión de las máquinas’. Esa película se llama “Yo, robot”, y presenta un mundo controlado por la inteligencia artificial. Minutos más tarde termina la función y pueden ocurrir dos situaciones: por un lado, piensas que el creador del ‘film’ tiene una mente brillante y súper imaginativa, pero nada más allá de eso te perturba o, por lo contrario, te tocas el rostro, como lo haces cuando algo te interesa y piensas en ello, y de pronto te aterra la idea de que las máquinas ocupen, algún día, un puesto crucial en la vida, en tu vida.

Esta segunda posibilidad no ha ocurrido completamente y no ocurrirá en el futuro más próximo. Aun así, existe en la actualidad una ambición futurista en casi todos los campos del conocimiento, que están llevando a las empresas a la incorporación de máquinas en funciones que antes realizaban las personas.

Pero, ¿pueden los robots ser empáticos y creativos, como somos los humanos? En la última edición del World Work Innovation Summit, que realizamos en Valkiria Hub Space, Judith Carreras, consejera de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por España, afirmó que “no tenemos que ser deterministas en los cambios que vaya a generar la tecnología”.  

Durante la conferencia sobre ‘Future Talent’, la especialista en ciencias políticas aseguró que “podemos determinar cómo queremos que sean esos cambios tecnológicos”. Esto quiere decir que tenemos la oportunidad de tener control sobre esta macrotendencia que está cambiando nuestras sociedades en torno al trabajo y que podemos encontrar un equilibrio en el alcance de la digitalización, robotización, inteligencia artificial e innovación tecnológica.

Humanizar la tecnología es ese ‘cable a tierra’ que necesitamos para lograr condiciones idóneas en el futuro del trabajo, donde exista esa simbiosis entre talento humano y tecnología, sin restarle importancia a ninguno de ambos elementos. A esto se refiere, precisamente, Valkiria Institute for Futures en su propósito de construir un mundo laboral mejor, revolucionando el futuro del trabajo en las organizaciones a través de un nuevo aprendizaje experiencial basado en tres pilares: modelos de inteligencia colectiva, talento y sostenibilidad que se impulsan con metodología Urban Living Lab.

La Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo de la OIT, en el informe “Trabajar para un futuro más prometedor” recomienda un programa centrado en las personas, que fortalezca el contrato social, situando al talento humano, y al trabajo que realizan, en el centro de las políticas económicas y sociales y de la práctica empresarial. El programa tiene tres ejes de actuación:

  • Propiciar que las personas prosperen en una era digital, libre de emisiones de carbono, genera dimensiones más generales de desarrollo y progreso en las condiciones de vida.
  • El derecho a un aprendizaje a lo largo de la vida que permita a las personas adquirir competencias, perfeccionarlas y reciclarse profesionalmente.
  • Adoptar un enfoque de la inteligencia artificial “bajo control humano” que garantice que las decisiones definitivas que afectan al trabajo sean tomadas por personas. 
  • Aprovechar la tecnología para ampliar las oportunidades y conciliar la vida profesional con la vida personal puede ayudarles a alcanzar este objetivo.
  • Los avances tecnológicos requieren también de la reglamentación del uso de datos y de la responsabilidad sobre el control de los algoritmos en el mundo del trabajo.
  • Incentivos para promover inversiones en áreas clave en favor del trabajo decente y sostenible.
  • Remodelar las estructuras de incentivos empresariales en pro de estrategias de inversión a largo plazo, y explorar indicadores suplementarios de desarrollo humano y bienestar.
  • Asumir responsabilidades.

Mckinsey Global Institute revela, en uno de sus últimos estudios, que la pandemia “aceleró las tendencias existentes en el trabajo a distancia, el comercio electrónico y la automatización, con hasta un 25% más de trabajadores de los que se estimaba anteriormente que podrían necesitar cambiar de ocupación”. ¿Ahora comprendemos la dimensión de la importancia de humanizar la tecnología? 

Enfocada en esta última idea, la OIT elaboró este programa centrado en las personas. Y aunque todavía no se presagiaba la irrupción de la COVID-19 en el mundo, si logramos incorporar la sostenibilidad dentro del ADN de las empresas conseguiremos un repunte eficiente ante el alto impacto en los requerimientos de competencias digitales que dejó como consecuencia la pandemia.

 

¡No se eliminará la empleabilidad humana!

 

Ya lo sabemos. La automatización apresurada acelera la recalificación y las transiciones de los trabajadores, lo que podría provocar una menor demanda de empleo, pero en realidad es más preocupante la desigualdad que se puede generar con la transformación digital que la posibilidad de que no haya empleo. “Nosotros no vemos un mundo sin empleo”, dijo hace poco Rebeca Grynspan, secretaria general iberoamericana y miembro de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo. 

En esa línea, Valkiria Institute for Futures es consciente de ello y se basa en modelos de innovación abierta que identifican oportunidades para impulsar ecosistemas más diversos e inclusivos en tiempos de revolución industrial. 

Las estrellas se alinearán, ese es el propósito. Veamos esta acelerada digitalización, empujada por una inesperada crisis sanitaria, como una oportunidad. Es un hecho que las empresas actuaron rápidamente para implementar tecnologías digitales y aceleraron repentinamente las tendencias que antes se desarrollaban a un ritmo mucho más lento; sin embargo, mientras haya creatividad, innovación e inteligencia colectiva, y mientras haya humanidad, todo es posible.

Finalmente, somos los humanos los seres empáticos y creativos del universo, ¿no?