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Liderar sin valores no es realmente liderar

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Liderar sin valores no es realmente liderar

Llamémosle Martha. Podéis ponerle el nombre que queráis. La semana pasada esta mujer a la que conozco me confesó —en una conversación de esas que solo ocurren cuando algo no se puede callar más— que estaba decidida: renunciaría a su trabajo. Sorprendida, le pregunté ¿por qué?, y al instante intenté traer a mi memoria algún momento en el que ella me hubiera comentado algo negativo del lugar donde trabaja, y no, en el recuerdo no había nada. Entonces, la escuché atenta. Me dijo que no admiraba a su jefe, que no encontraba nada inapropiado en él, pero que necesitaba una razón “no económica”, una motivación, para seguir allí, pero no, no la encontraba. Ayer Martha me escribió al celular: “He renunciado”.

Existen muchas Martha en el mundo. Tú podríais ser una, o un Alberto, o tal vez una María. El nombre no importa, la persona sí. Esto hace pensar que existen miles y millones de personas que, a lo largo de su desempeño profesional, alguna vez se sentirán infelices en su lugar de trabajo debido a, entre otras cosas, la falta de un buen líder. 

Según un estudio de la Universidad de Warwick, en Reino Unido, los trabajadores que se sienten contentos son hasta un 12% más productivos que aquellos que no. La mayoría de ellos coinciden que las cualidades y los valores de sus líderes influyen directamente en su estado emocional. De modo que mientras más positiva sea la imagen que tienen de sus superiores estarán más motivados.

Por eso me entusiasma muchísimo contarles que el año pasado, hace tan solo algunos meses el equipo de Valkiria Group obtuvo la certificación internacional de Leadership by Values de Zinquo – Centro Internacional de Desarrollo en Valores. Es una herramienta de diagnóstico del liderazgo basado en valores para trabajar en organizaciones de tamaño medio y grande. 

No me imagino un mundo en el que las personas pierdan la inquietud por la admiración hacia los demás, donde se trabaje rápido y fuerte solo para lograr objetivos. No me imagino un mundo frío, sin risas y sin complicidad entre jefes y empleados, donde la comunicación se haya quedado en el pasado, tan horizontal y rígida. No me lo quiero imaginar.

Está demostrado que la productividad es mucho más contundente en países donde los trabajadores son “felices”. Por ejemplo, sin importar el esfuerzo que dedique a su labor un trabajador promedio en México no será tan productivo como el de una persona en Irlanda, tomando en cuenta el producto interno bruto per cápita generado.

Una hora promedio de trabajo en México aporta 22,2 dólares estadounidenses a la economía, mientras que en Irlanda esta contribución ronda los 110 dólares. En España, una hora de trabajo genera 58 dólares a los ingresos generales del país, según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​, recogidas por Statista.

¿Qué pasa cuando se pierde la motivación?

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Perder la motivación es perder la ilusión. Recuperarla no es tarea fácil. Para ello se necesita la intervención de un buen líder, aquel que puede lograr que las personas se identifiquen con la organización, con lo cual puedan satisfacer sus necesidades y deseos.

Cuando hablamos de liderazgo por valores no podemos dejar de pensar que la superación personal es más importante que las cosas materiales y que cuando una persona está motivada se esfuerza para alcanzar las metas de la empresa. En su libro “Liderazgo, Dirección y coaching por valores”, Simon L. Dolan afirma que “la motivación se convierte en una condición del éxito y de la supervivencia”.

¿Qué motiva a los empleados? (Según Simon Dolan)

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  • Deseo de actividad: La gente desea estar activa y participar. En nuestras vidas personales la mayoría evita el aburrimiento y la monotonía.
  • Deseo de pertenencia:  Poseer cosas que hace que las personas se sientan mejor con ellas mismas. la pertenencia psicológica es más importante que la pertenencia física.
  • Deseo de poder: Las personas desean controlar su destino, no quieren sentirse impotentes ante las fuerzas externas que moldean sus vidas.
  • Deseo de afiliación: Las personas son criaturas sociales, les gusta interactuar y socializar entre sí.
  • Deseo de competencia:  La competencia es esencial para la autoestima. Las personas reciben con agrado las oportunidades de sentirse más competentes.
  • Deseo de alcanzar logros:  Las personas desean lograr el éxito en algo. Los empleados están dispuestos a trabajar más duro para alcanzar una meta.
  • Deseo de reconocimiento: Las personas quieren sentirse apreciadas por los demás, ser reconocidas positivamente por sus méritos.
  • Deseo porque lo que se hace tenga sentido:  Las personas quieren tener una razón para hacer algo, quieren que sus esfuerzos, aunque humildes, marquen la diferencia.

Parece una frase muy repetida y común, pero no existe nada más cierto que decir que “una organización no es más que un conjunto de personas”, y las personas somos emociones a flor de piel. Si te dijera que fijaras una nota de agradecimiento en la puerta de la oficina de alguno de tus trabajadores, ¿te parecería una idea muy cursi? Quizá lo sea, pero a las personas de carne y hueso nos gustan esas cursilerías. Por último, no creas que Martha no existe. ¡Hasta la próxima!